La idea

Quiero darte acceso a mis cuadernos. Los escribo para reflexionar sobre la realidad profesional, la actualidad social y cómo todo esto nos afecta. También escribo para plasmar mis descubrimientos, reflexiones y a mi manera, actualizar la profesión de masajista. Y por supuesto, escribo para buscar soluciones.
Constantemente me pregunto cómo quiero y cómo puedo ser y actuar bajo las reglas del juego neocapitalista que nos envuelve, nos engulle, exprime y finalmente nos escupe. Un juego que nos habla de productividad, rentabilidad, clientes, marca personal, competencia y éxito, y que a veces consigue que olvidemos que somos personas.
Muchas veces me siento enloquecer en estas dinámicas y siento cómo comienza a generarse un malestar en mí, ¿acaso una crisis personal? ¿profesional? ¿acaso un burnout? Y ni hablar del dolor en mis manos y mi cuerpo, porque el capitalismo no es solamente una abstracción que leemos en un libro, el capitalismo se nos mete en el cuerpo.
No tengo un manual de respuestas. Tengo preguntas.
Propongo una revolución pacífica ¿cómo? Creando un lugar donde, como profesionales, podamos sentirnos autorizados a pensar sobre nuestro propio oficio. Un espacio para cuestionar aquello que hemos aprendido a aceptar como normal y para finalmente crear caminos alternativos. La revolución consiste en detenernos a pensar antes de seguir haciendo lo que siempre hemos hecho.
En mis cuadernos reflexiono sobre:

La explotación y autoexplotación laboral: ¿Cuándo trabajar con pasión deja de ser una elección y empieza a convertirse en una forma de explotación que nosotros mismos reproducimos?

Los límites: Los nuestros y los de quienes reciben nuestro trabajo. ¿Hasta dónde podemos llegar? ¿Sabemos parar? ¿Se puede llenar alguna vez un pozo de insatisfacción?

Los roles de poder: ¿qué ocurre con el poder que existe entre quien ejerce la profesión y quien recibe el masaje? ¿y entre profesionales, empresarios, formadores y clientes?

El mal chiste del marketing: la obligación de vendernos, diferenciarnos, promocionarnos, convertirnos en nuestra propia marca. Crear productos y promesas que simplemente buscan chupar, cual vampiro el dinero de quien tenemos delante.
¿Cuánto de nuestra profesión termina condicionado por aquello que el mercado espera de nosotros?

La ética como herramienta: no como un listado de normas de lo que está bien o mal, sino como una herramienta para pensar, decidir y hacernos responsables de nuestras elecciones.

El abuso sexual en nuestra profesión: el abuso que podemos sufrir y también el que podemos ejercer sobre otras personas. Porque hablar de límites y consentimiento implica mirar en ambas direcciones.
No pretendo decirte cómo debes ejercer. Pretendo ofrecerte un lugar desde el que puedas preguntarte cómo quieres ejercer. Quizás no podamos cambiar todas las normas del juego. Pero podemos empezar por decidir cuáles queremos aceptar, cuáles queremos cuestionar y cuáles podemos intentar cambiar.

Porque una masajista nunca debería ser solo mano de obra.

¿Quién escribe este cuaderno?

Soy esa persona sentada frente a su cuaderno que, a veces, no sabe muy bien qué hacer, porque me encuentro una y otra vez con un sistema que parece querer redirigirme siempre hacia el mismo camino: el de la explotación o autoexplotación, a un lugar sin límites, sin reconocimiento y, demasiadas veces, sin respeto.
Y me pregunto si tiene que ser así.
Porque si hay algo que necesita nuestra profesión, creo que es precisamente lo contrario: respeto, amor y límites.
No soy una gurú. De hecho, los gurús me caen bastante mal.
Tampoco soy una marca personal. Me incomoda la idea de convertirnos en productos y me molesta profundamente esa forma de autoexplotación disfrazada de libertad, éxito o pasión.
No tengo una fórmula. No tengo un método infalible. No tengo una respuesta para todo.

Tengo preguntas.
Y he descubierto que hacerme preguntas ha sido una de las cosas que más me ha ayudado a avanzar.
Algunas preguntas me llevaron a respuestas. Y algunas de esas respuestas me llevaron a nuevos lugares: más sanos, más éticos, más amorosos y más responsables.
También a un lugar más abundante, donde puedo reconocer el valor de lo que hago y sentir que mi profesión merece ser reconocida.
No sé si este cuaderno tiene respuestas para ti.
Pero quizá pueda ayudarte a encontrar algunas preguntas que todavía no te habías hecho.
Y quizá, a partir de ellas, podamos encontrar juntos otros caminos.

Tenemos que preguntarnos: ¿qué carajo estamos haciendo con nuestra profesión?

Tu Carrito