Soy esa persona sentada frente a su cuaderno que, a veces, no sabe muy bien qué hacer, porque me encuentro una y otra vez con un sistema que parece querer redirigirme siempre hacia el mismo camino: el de la explotación o autoexplotación, a un lugar sin límites, sin reconocimiento y, demasiadas veces, sin respeto.
Y me pregunto si tiene que ser así.
Porque si hay algo que necesita nuestra profesión, creo que es precisamente lo contrario: respeto, amor y límites.