Hoy vamos a hablar de playas, así que prepara tu mochila, la protección solar, la sombrilla y la toalla… pero también la imaginación, porque esta excursión no es hacia la costa, sino hacia nuestro cuerpo. Vamos a descubrir que nuestras articulaciones, músculos y tensiones tienen más en común con las playas de lo que jamás hubieras imaginado.
Vamos con un dato importante para entender esta idea.
¡Verás! Las playas se forman por acumulación de sedimentos: arena, conchas y gravas. Estos materiales llegan hasta ellas transportados por vientos, ríos y olas; con el tiempo, las corrientes los distribuyen creando una estructura compacta.
Ahora llega el momento anécdota: ¿de dónde salió todo esto?
Una tarde, mientras le daba un masaje a Andríi, un trapecista de circo, tuve un momento de «chispazo mental». Allí estaba yo, enfocada, recibiendo la información del cuerpo de ese chico y decidiendo qué hacer con las tensiones y «nudos» musculares que iba encontrando, cuando me invadió una idea que me hizo abrir los ojos como platos: «¡Las contracturas son como playas!» (Sí, estábamos en una primavera calentita en nuestra hermosa Mallorca).
Sí, ya sé que acabas de fruncir el ceño y que suena extraño, pero tómate un momento y dame una oportunidad para explicarme. ¡A ver! Piénsalo. En cierto sentido, podríamos decir que tanto una playa como una contractura implican acumulación, ¿no? En el músculo, tensiones que se van generando por estrés, esfuerzo, sobrecarga o determinadas posturas. En la playa, partículas que el mar ha ido depositando durante años. En ambos casos terminan formándose estructuras densas y, con el tiempo, compactas.

Si eres masajista, seguramente habrás notado que alrededor de algunos huesos y articulaciones encontramos zonas que, al tacto, se sienten más rígidas, duras o densas. ¡Ves! Algo parecido a cómo se acumulan los sedimentos que dan forma a las playas.
Ojo, cuidado con pensar que estoy diciendo que estas tensiones musculares aparecen únicamente alrededor de las articulaciones. Nada más lejos de la realidad: pueden aparecer en cualquier parte del músculo. Solo digo que es común encontrarlas cerquita de estas estructuras, ya que son zonas de anclaje para los tendones y están sometidas a mucho estrés mecánico, especialmente porque los músculos trabajan para estabilizar o mover el cuerpo. Por ejemplo, no encontraremos las tensiones en los mismos lugares en un trapecista que en un ciclista.
SEDIMENTOS DEL CUERPO: CONSTRUCCIÓN Y TENSIÓN
En el contexto del cuerpo humano, y siguiendo con nuestra excursión imaginaria, podemos distinguir entre los «sedimentos» que contribuyen a la formación y mantenimiento de las estructuras corporales y los que podemos relacionar con procesos de tensión, rigidez o disfunción. Digamos que, en nuestro particular paisaje corporal, encontramos dos tipos de «sedimentos»:

¡Entonces! Estarás de acuerdo conmigo en que nuestro cuerpo, a veces, parece la costa mediterránea: ¡playas y calas por todas partes! Lo que es igual a decir: contracturas y tensiones por doquier. Por esta razón, en nuestra sesión de masaje tenemos que ir surfeando sobre la cresta de esas tensiones, haciendo una visita a todas esas playas, tratando de poner un poco de orden y devolver cierto equilibrio al paisaje corporal.
¡Comencemos la excursión!
Playas que se parecen a nuestras articulaciones… Bueno, soy consciente de que quizás, y solo digo quizás, me vine un poco arriba (creativamente hablando), pero para mí todo se trata de cultivar la imaginación y descubrir nuestro hermoso planeta y nuestra bellísima anatomía.
PLAYAS-ARTICULACIONES = MAPA CORPORAL
1. El tobillo: playa Adícora, Venezuela
El tobillo actúa como una puerta de enlace entre la pierna y el pie. Es una articulación muy dinámica, capaz de soportar fuerzas significativas mientras permite movimientos precisos. Su estructura ósea está rodeada por músculos, tendones y ligamentos que le dan soporte y cobijo.
Esta preciosidad de playa está en Venezuela. Búscala en tu navegador y creo que coincidirás conmigo: arena, aguas cristalinas y viento, ideal para la práctica del windsurf. Su línea costera está rodeada de vegetación y dunas que funcionan como soporte natural de la playa, ayudando a mantener su estabilidad.

Ahora viajemos del tobillo a la rodilla y de Venezuela a la Polinesia Francesa. Para mí, las rodillas son unas señoras articulaciones: soportan grandes cargas y están implicadas en muchos deportes de impacto y fuerza, como el tenis o «la vida», que es todo un deporte de impacto, ¿a que sí?
2. La rodilla: Bora Bora, Polinesia Francesa
La rodilla conecta el fémur y la tibia, con la rótula formando parte de esta compleja articulación. Funciona principalmente como una bisagra que permite la flexión y la extensión, además de cierta rotación cuando está flexionada. Músculos y tendones la rodean, participan en su movimiento y contribuyen a su estabilidad. Es una articulación a la que debemos prestar atención en nuestros masajes, porque soporta grandes cargas.
Por su lado, Bora Bora es una isla de tipo atolón ubicada en la Polinesia Francesa. Combina una isla central con los arrecifes y playas que la rodean, creando un equilibrio entre estructura, protección y belleza. El atolón forma un entorno protegido alrededor de la laguna interior y, desde mi imaginación, encuentro ahí cierta semejanza con la rodilla: distintas estructuras que se relacionan entre sí para dar forma, estabilidad y movimiento al conjunto.

3. La cadera: Bahía Ballena, Costa Rica
¡Oh yeah! ¡Welcome to playita caderita! Ese gran centro de estabilidad y fuerza del cuerpo, importante para bailoteos y perreos, tan necesarios para alegrar la vida.
Para representar esta majestuosa articulación he elegido Bahía Ballena, en Costa Rica. La cadera es una articulación esférica capaz de soportar grandes cargas y, al mismo tiempo, permitir una amplia gama de movimientos. Músculos, ligamentos y tendones participan en su estabilidad y movimiento.
Por su parte, esta maravilla natural llamada Bahía Ballena tiene, vista desde el aire, una forma ancha y redondeada, con una curva pronunciada que me recuerda a nuestra famosa articulación. Las formaciones costeras y el ecosistema que la rodea proporcionan soporte y equilibrio al paisaje. Y su conexión con el océano la mantiene en constante dinamismo a través de las mareas y la vida marina.

4. La columna vertebral: playa de las Catedrales, Galicia
La playa de las Catedrales es el nombre turístico de la playa de Aguas Santas. Y no me puede parecer un nombre más bonito para hablar de nuestra columna vertebral.
Desde mi infinita imaginación, logro ver en estas estructuras cierta semejanza con las vértebras de la columna: una sucesión de bloques que forman una estructura capaz de sostenernos y proteger nuestro sistema nervioso.
Las rocas de la playa de Aguas Santas, o de las Catedrales, fueron esculpidas por la erosión durante miles de años, creando formas complejas y definidas. Y, por supuesto, a lo largo del recorrido de nuestra columna también encontraremos zonas de tensión en músculos y ligamentos, relacionadas con posturas mantenidas, esfuerzos repetitivos, estrés o cargas excesivas.
Tanto en esta playa como en la columna podemos apreciar rigidez, movimiento y estabilidad. Me explico: en la playa, el agua fluye continuamente alrededor de las estructuras rígidas de las rocas, mostrando ese contraste entre movimiento y estabilidad. En nuestra columna, las vértebras aportan estructura y estabilidad, mientras las articulaciones intervertebrales y los discos contribuyen a permitir el movimiento y la flexibilidad. En ambos paisajes, el tiempo y las fuerzas que actúan sobre ellos van dejando huella. Y también, de distinta manera, el cuidado que reciben.

5. Escápula y cuello: playa Navagio, Grecia
Esta mariposa en nuestra espalda es una de las guardianas de la estabilidad y el movimiento del hombro. Siempre pienso que las personas vivimos una parte enorme de nuestra experiencia en nuestra mente, como una película. Por eso, siento que cualquier articulación, músculo o tendón cercano a la cabeza puede acabar siendo reflejo y, a veces, víctima de nuestras historias mentales.
Dedícales a las escápulas y al cuello toda la atención, profundidad y delicadeza que merecen porque, al trabajar estas estructuras, estás tocando ese territorio donde mente, cuerpo y espíritu parecen encontrarse. Quizás por eso sentimos tantas veces que allí también cargamos nuestras preocupaciones, tensiones y emociones. ¡Escucha con tus manos! Y libera las alas de esa persona.
La playa Navagio, con sus paredes rocosas de formas alargadas y redondeadas, me sugiere fuerza y protección, igual que la escápula cuando sostiene y acompaña el movimiento del hombro. Sus aguas y el entorno que la rodea me recuerdan la delicadeza y profundidad que debemos tener cuando trabajamos la escápula y el cuello. Aquí, el tiempo parece detenerse y, de la misma manera, nosotros debemos reservar el tiempo suficiente para descifrar las tensiones que encontramos en esta zona.

6. Codos y muñecas: playa de la Concha, San Sebastián
Ahora continuaremos con otras articulaciones sumamente importantes: los codos y las muñecas, a los que a menudo prestamos muy poca atención. Solo cuando nos duelen… y a las masajistas nos suelen doler, ¿a que sí?
Son nuestras articulaciones puente, el nexo que conecta nuestra fuerza interna con la acción externa. Gracias a ellas, nuestros brazos no solo alcanzan, sino que también construyen, crean y transforman. Son unas materializadoras, ¿no te parece?
No olvidemos que los brazos y las manos son los instrumentos con los que tocamos el mundo, moldeamos nuestra realidad y transmitimos nuestras emociones a través del movimiento. Y qué decirte de lo que significan para nosotras, las masajistas. Con ellos transmitimos nuestro don, habilidad o talento, llámalo como quieras, pero también nuestra delicadeza y nuestra profundidad.
La playa de la Concha es una playa urbana cuya impecable forma de concha, o media luna, me recuerda al pliegue natural de un codo o a la forma de una muñeca. Su protección frente al oleaje me lleva a pensar en los ligamentos que estabilizan estas articulaciones. Y sus olas suaves y constantes, acariciando la orilla, evocan ese movimiento discreto pero continuo de codos y muñecas.
En el masaje, tratar el codo o la muñeca es como recorrer esta playa urbana: zonas sutiles, pero cargadas de movimiento y conexión.

FLOTANDO EN NUESTRAS AGUAS
Para terminar, volvamos al masaje desde este paisaje que hemos imaginado. Dar un masaje se parece a ese momento en el que preparas tu cuerpo para flotar sobre el mar y dejas que las corrientes te vayan meciendo.
Algo parecido ocurre bajo las manos de una masajista: a veces, la corriente del cuerpo que tocamos casi arrastra nuestras manos, las dirige y nos va enseñando dónde detenernos, dónde profundizar y dónde seguir avanzando. Estoy segura de que no soy la única que lo percibe de esta manera.
Me gustaría que, a partir de ahora, cuando pongas tus manos sobre un cuerpo, puedas imaginar que también hay playas esperando ser recorridas y exploradas con ética, respeto y curiosidad.
¡Que comience la excursión!
Escrito por Lygia Margarita Muñoz Páez
Ilustrado por Merche López Ramírez. @merche.lora