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ANATOMÍA DIVERTIDA

Margarita y la reina del mambo: la cadera

Por Lygia Margarita Muñoz Péaz e ilustrado por Merche López Ramírez. @merche.lora · 09 de octubre, 2026

Siguiendo el hilo de la entrevista que le hice a mi rodilla, decidí que era el momento de seguir investigando para aprender más de mi cuerpo, entender cómo se mueve y llegar a una conclusión que parece evidente, pero que no necesariamente todos entendemos así: todo nuestro cuerpo está conectado y es producto del trabajo conjunto y colaborativo de cada una de nuestras partes. Por ello, ante una señal de dolor, determinar qué está ocurriendo puede ser algo complejo.

Así pues, ha llegado el momento de presentar a la protagonista de esta entrevista: una líder nata, una mezcla de diva y entrenadora, la reina del swing, del perreo, del hip hop y de cualquier baile que se le ponga por delante… ¡LA GRAAN, LA ÚNICAA Y MAJESTUOSAA! ¡LAAA CADERAAA!

Cadera de Margarita: ¡Uyy! (Sale bailando al ritmo de la canción Magalenha [samba]). ¡Qué emoción, así da gusto!

Margarita: ¡Bueno, bueno! Bienvenida, Cadera, gracias por venir. Yo te he presentado como la reina del movimiento, pero me interesa saber: ¿cómo te definirías en pocas palabras?

Cadera de Margarita: Fuerte, estable, multitasking, bailarina. Soy una estructura con swing. Doy soporte, doy movimiento y, a veces, doy dolor… pero solo cuando me ignoran.

Margarita: Yo quisiera hacerte una entrevista para poder conocerte profundamente, sin dejar ángulos sin explorar. Así que mi idea es hacerte preguntas pragmáticas (sobre biomecánica y salud), filosóficas, espirituales, del tipo confesionario, picantes y todas las que sean necesarias para conocerte y entenderte en profundidad.

Cadera de Margarita: Perfecto, no te quedes con ninguna duda. Yo soy tu cadera, habito tu cuerpo, te acompaño en cada paso y te voy a responder con máxima honestidad y con el mismo tono cercano que ya dejas ver en tu presentación. Pero también te dejaré caer datos que te hagan decir: «¡Ah, mira!», porque me interesa que seas consciente. Así ganaremos todas.

Margarita: Para comenzar, ¿quién eres?

Cadera de Margarita: Soy una «bisagra maestra» que conecta tu torso y tus piernas. Soy el centro de comando del tren inferior y tengo mucho que decir cada vez que decides caminar. Si esto fuera una banda de música, yo sería el bajo, porque no se nota tanto (o eso creen), pero sin mí todo suena mal. Yo me encargo de soportar tu peso, tu ritmo y, a veces, tus decisiones cuestionables de calzado. Sin mí no caminarías, ni correrías, ni bailarías (cosa dramática en nosotras) y tampoco tendrías una vida sexual de calidad. Así que, si yo caigo, se cae todo el sistema.

Margarita: ¡Qué poderosa eres! ¿Y cómo haces todo ese trabajo?

Cadera de Margarita: ¡Trabajo en equipo, darling! Tengo unos socios muy comprometidos. Trabajo con músculos y ligamentos que me ayudan a mantenerme en mi lugar. Soy una articulación esférica, eso significa que tengo rango de movimiento en varias direcciones: flexión, extensión, rotación… Soy como el joystick del cuerpo. Mis socios estructurales son el fémur y la pelvis. Ellos son mi armazón.

En mi dream team (mi equipo de fuerza) están los glúteos. Ellos son mis guardaespaldas y motores. Los glúteos mayores, si están fuertes y activos, me dan potencia y estabilidad, pero si trabajan poco, yo empiezo a echarlos de menos.

El glúteo medio, mi protector lateral. Ayuda a mantenerme estable cuando camino o me apoyo sobre una sola pierna. Si no hace bien su trabajo, puedo desequilibrarme y la rodilla también puede acabar notándolo.

El psoas, ese músculo profundo al que además le han colgado fama de emocional, intenso y un poco dramático, es uno de los que me ayudan a flexionar la cadera. Cuando está acortado, me tira como cuando, de pequeña, nuestra mamá nos recogía el pelo. ¿Te acuerdas? Lo estiraba tanto que hasta los ojos se nos achinaban. Pero ¿qué les pasa a las madres con ese tema del recogido del cabello?.

Los isquiotibiales y cuádriceps son como cables de tensión. Me ayudan a moverme y a mantenerme estable, pero cuando alguno empieza a trabajar de más o de menos, yo tengo que arreglármelas con lo que hay.

Y después están mis rotadores profundos, que no son famosos, pero sí indispensables. Son seis: el piriforme, los obturadores interno y externo, los géminos superior e inferior y el cuadrado femoral. Me ayudan a controlar y estabilizar la articulación. Si alguno trabaja de más, de menos o se tensa demasiado, yo puedo acabar notándolo.

Y ya para terminar, trabajo con mis socias, las rodillas y la columna: si ellas tienen problemas, yo también puedo terminar «cargando» con parte del trabajo.

Margarita: Y filosóficamente hablando, ¿qué representas?

Cadera de Margarita: Yo represento la unión entre fuerza y flexibilidad. La vida te pide esas dos cosas todo el tiempo: sostenerte firme y adaptarte al cambio. Yo soy «eso», pero en versión biomecánica.

Margarita: ¿Quieres denunciar alguna injusticia?

Cadera de Margarita: ¡Pues mira, sí! Siempre me culpan a mí de dolores en los que también pueden estar implicadas la espalda, la rodilla o incluso el pie. Yo soy la sospechosa habitual, pero no siempre soy la responsable. Y otra cosa, ya que estamos: todo el mundo habla de «espalda fuerte» o de «rodillas sanas», pero casi nadie dice: «Voy a entrenar mis caderas». ¡Ingratos! Bueno, menos en el mundo fitness, donde se presta mucha atención a los glúteos, y eso también repercute en mí.

Margarita: ¡Querida! A nivel espiritual… ¿guardas algo más que movimiento?

Cadera de Margarita: Bueno, entre tú y yo (habla susurrando)… Sí, soy un pequeño archivo emocional. Bueno, yo no sé si será para tanto, porque, si lo piensas, todo tu cuerpo es también un archivo de lo que has vivido. Cuando estás tensa, confusa o atascada emocionalmente, también puede cambiar tu manera de moverte y, a veces, haces que «me cierre», como si intentaras protegerte. Y al revés: cuando estás bailando libre, alegre, sintiéndote fluir y en equilibrio, siento como si «me abriera», como una florecita en primavera.

Margarita: Llegó la hora del confesionario. ¿Tu momento más glorioso?

Cadera de Margarita: ¿Te acuerdas de una de las películas de baile que más nos gusta?

Margarita: ¿La peli de Chayanne y Vanessa Williams, Baila conmigo? ¿O la de Jennifer López y Richard Gere, Shall We Dance?

Cadera de Margarita: Se me había olvidado que nos encantan esas películas. ¡Nooo! La peli Dirty Dancing. Bueno, ¿te acuerdas de cuando trataste de hacer la coreografía famosa con José Ernesto y te salió? Pues… ¡todo el éxito fue mío! Soy toda una heroína no reconocida.

Imagen creada con IA

Margarita: Jajajajaja. ¡Qué divertida eres! Ahora algo más íntimo: cuando el cuerpo se divierte «intimando»… ¿qué papel juegas tú?

Cadera de Margarita: ¡Querida… el protagónico, por favor! Sin mí, el amor físico sería como escuchar rock sin guitarra eléctrica. Sin movilidad y sin fuerza en mí, la intimidad se vuelve muy limitada. Soy la que da el rango de movimiento, la estabilidad y la resistencia. Yo soy la sal y la pimienta, darling. Así que más te vale que me cuides, porque así tu vida sexual será de lo más divertida. En cambio, si me ignoras, ya vendrán las quejas. Tú recuerda: con buen entrenamiento y buena música, cada movimiento… ¡ES FÍSICA O QUÍMICAAA!(¡dime que conoces la canción!)

Margarita: Y ya que estamos hablando de temas íntimos… ¿preparada?

Cadera de Margarita: (Ríe). ¡Ay, por favor! Yo ya estoy acostumbrada, todo el mundo se apoya en mí. ¡Dale, que no me asusto!

Margarita: Es que quiero que me hables de tus amores… Se conoce que has tenido algunos por ahí…

Cadera de Margarita: Mi amor más profundo y estable ha sido con la columna lumbar. Estamos unidas en todo: posturas, cargas, dolores, alegrías. Tenemos una relación intensa. Muchas veces discutimos porque, cuando una de las dos tiene problemas, la otra también puede acabar notándolo. Pero vaya, tenemos una relación profunda, de esas que son difíciles de separar.

Margarita: ¿Y tienes un crush, ese amor platónico de siempre?

Cadera de Margarita: ¡Claro que tengo un crush! ¿Y quién no? ¿Amor platónico? ¿Acaso somos del siglo XX? Mi crush es el corazón, tenemos muchísima química y conexión. (Suspira). ¡Qué le voy a hacer! Él marca el ritmo, da energía, late con pasión… y yo me dejo llevar. Soñamos juntos, pero claro, somos de dos mundos diferentes.

Margarita: Se rumorea que tienes más de un romance clandestino…

Cadera de Margarita: (Sonrojada y riéndose a carcajadas). Bueno… sí, lo admito, tengo una complicidad especial con las rodillas. No puedo ocultarlo: sin ellas no camino, no corro, no bailo. Es una relación de amor y reproches. ¡Yo les digo: «Alinéense bien, que luego me duele todo!». Y ellas me contestan: «¡Pues no cargues tanto peso sobre nosotras!». Y así todo el rato… Pero nuestra química es… insuperable. Como ves, tengo una vida amorosa intensa: pasión con la columna, complicidad con las rodillas y un sueño eterno con el corazón. Y, mientras tanto, sigo moviendo al mundo.

Margarita: Cadera… tú que sostienes tanto… ¿quién te sostiene a ti?

Cadera de Margarita: Cariño, a mí me sostiene la pelvis. Pero que conste que a mí me gusta llevar la voz cantante. Ya sabes… sin mí, nadie baila ni un chachachá.

Margarita: ¿Qué se siente al ser el centro del cuerpo y, a la vez, el lugar donde todo el mundo descarga sus pesos?

Cadera de Margarita: Un drama, cielo. Vivo entre dos mundos: arriba, los glúteos exigiendo glamour; abajo, las piernas pidiéndome resistencia. Soy como un camerino o un vestuario deportivo lleno de egos.

Margarita: A mí siempre me gusta preguntarles a mis entrevistados si me contarían las señales para detectar «sus dolores» antes de que sean graves y si me darían trucos que pueda aplicar como masajista en mis sesiones. ¿Te apetece?

Cadera de Margarita: Por supuesto, el win-win es lo mío. Mira, las señales que yo emito cuando comienzo a no estar bien son casi como un mapa:

1. Dolor en la ingle o cara interna del muslo: Esa puede ser una de mis maneras de decir: «¡Ey!, aquí pasa algo». El dolor en esta zona puede tener distintos orígenes, así que ¡no lo ignores! Como masajista, puedes explorar cómo están el psoas y el ilíaco y qué ocurre con el resto de las estructuras que trabajan alrededor de la cadera. Pero no te emociones jugando a Sherlock Holmes: que me duela aquí no significa que ya sepas quién es el culpable. Si el dolor es intenso, persiste, aparece al caminar o limita el movimiento, mejor que me valore un profesional sanitario.

2. Molestia en la parte externa de la cadera (donde estaría el bolsillo del pantalón): Si me duele por aquí, presta atención a mis vecinos. En esta zona trabajan los glúteos medio y menor y sus tendones, y también están mis bursas, esas pequeñas bolsitas que ayudan a reducir la fricción entre los tejidos.

A veces esos tendones están soportando más carga de la que toleran bien o determinadas posiciones y movimientos comprimen repetidamente los tejidos de esta zona. Y entonces empiezan las protestas: puede molestar al caminar, subir escaleras, permanecer mucho tiempo sobre una pierna o incluso al acostarte sobre ese lado. La bursa también puede irritarse y sumarse a la fiesta, aunque no siempre es ella la responsable.

Como masajista, puedes explorar cómo están los músculos que rodean la cadera y observar qué tensiones encuentras, pero recuerda lo que te acabo de contar: aquí vivimos muchos. Que duela en esta zona no significa que ya sepas quién está protestando. ¡Así que no me culpen siempre a mí!

3. Dolor que se irradia al glúteo o a la parte posterior: Aquí tenemos varios sospechosos. El dolor puede estar relacionado con los isquiotibiales y sus tendones, puede venir referido desde la zona lumbar o puede haber estructuras profundas de la región glútea implicadas. Por aquí también pasa el nervio ciático, muy cerca de músculos como el piriforme y otros rotadores profundos, así que algunas alteraciones de esta zona pueden irritarlo o comprimirlo. Y ojo, porque no todo dolor que baja desde el glúteo significa automáticamente que el culpable sea el piriforme.

Como masajista, puedes explorar la musculatura glútea, los rotadores profundos, los isquiotibiales y observar también qué está ocurriendo alrededor de la zona lumbar. Pero si el dolor se irradia claramente por la pierna, aparece hormigueo, entumecimiento, pérdida de fuerza o los síntomas persisten, ahí se acaba nuestro interrogatorio: toca derivar para que un profesional sanitario valore qué está pasando.

4. Dolor difuso, general, que cambia de lugar: Hay veces en que no puedes señalarme un punto concreto y decir: «Me duele exactamente aquí». Sientes tensión, cansancio o rigidez de una manera más general. Puede haber sobrecarga muscular relacionada con las posiciones que adoptas, con mantenerlas durante demasiado tiempo o con la manera en que estás utilizando y cargando tu cuerpo. Pero un dolor difuso puede tener muchas explicaciones, así que no juguemos a las adivinanzas. Y sí, tu estado emocional también puede influir en cómo sientes y mueves el cuerpo. ¡Qué le vamos a hacer, soy sensible!

5. Rigidez al levantarte de la silla: Esa sensación de «no me doblo bien» al ponerte de pie es porque me dejaste en pausa demasiado tiempo. Es como si me dejaras congelada y quisieras que me moviera rápidamente… sencillamente, es muy difícil.

6. «Click» o chasquidos sin dolor: A veces son normales y no tienen por qué significar que exista un problema. Pero, si empiezan a venir acompañados de dolor o molestias, entonces sí conviene prestarles atención.

Cadera de Margarita: Y ahora van mis consejos para ustedes, masajistas, esos seres increíbles que intentan entenderme desde fuera:

  • Tocar con intención y profundidad, no con fuerza: No siempre necesito que me aplasten o me den una paliza. A veces, un trabajo lento, consciente y profundo libera más que un empuje de Hulk.
  • No olviden mis músculos profundos: El psoas, los rotadores y el glúteo medio son como los técnicos del backstage: si ellos tienen problemas, yo también puedo notarlo. Trabajar profundamente estas zonas puede resultar incómodo e incluso doloroso, así que escucha siempre a la persona que tienes en la camilla y adapta la profundidad a lo que su cuerpo permite.
  • Movilización + masaje = amor eterno: No te quedes solo en descontracturar y liberar tensiones. Me encanta que después me muevan, me estiren y me recuerden mis rangos de movilidad.
  • Integrar la zona lumbar y las rodillas: Si solo me trabajan a mí y se olvidan de mis vecinos, pueden estar perdiéndose parte del paisaje. Recuerden que no trabajo sola. ¡Somos un equipo!
  • Escuchar mis «suspiros»: Si la persona masajeada suspira, se relaja o suelta tensión de golpe… presta atención, porque el cuerpo también se comunica así. Bueno, a veces también me quejo y digo alguna que otra palabra malsonante, pero no lo hago para ofender. Es que me duele y necesito expresarlo. ¡Lo prometo!

Margarita: ¿Me puedes hablar de tus hábitos? Porque seguro que tienes algunos buenos y otros que no tanto, ¿a que sí?

Cadera de Margarita: ¡Sí, claro! Tengo hábitos y aliados que me hacen muy feliz y otros que, por el contrario, me llevan por el camino de la amargura. A ver… te cuento:

💚 Caminar todos los días: No importa si es lento o rápido, pero ese balanceo natural me lubrica y fortalece. Lo importante es mantenernos siempre en movimiento, porque, si no, me oxido.

💚 Activar glúteos y core: Como ya te dije, el glúteo mayor me da potencia, el medio ayuda a estabilizarme y el core participa en el control y la estabilidad de todo el conjunto. Si ellos están fuertes, yo trabajo más tranquila, porque me siento segura.

💚 Estiramientos de psoas e isquiotibiales: Si el psoas se acorta, me tira hacia adelante. Si los isquios están rígidos, me limitan. Cuando están elásticos, yo bailo por dentro, porque todo está en su lugar y en armonía.

💚 Movimientos variados: Bailar, andar, subir escaleras, nadar, hacer yoga, montar en bici… La variedad me mantiene feliz y funcional. No me gusta hacer siempre lo mismo; necesito retos distintos.

💚 Estar bien nutrida e hidratada: Mi cartílago también necesita unas buenas condiciones para mantenerse sano y resistente. No todo es ejercicio; también hay que alimentarme bien y mantener el cuerpo hidratado.

💚 Escuchar al cuerpo y parar a tiempo: Si algo duele, molesta o se siente raro, no hay que ignorarlo. A veces solo necesito descanso; otras veces, movimiento suave. Pero, si te estoy dando la lata, por algo será. ¡Escúchame!

Cosas que me hacen daño

💔 Estar sentada horas sin moverte: No me «sienta» bien, jijijiji, quedarme encogida durante tanto tiempo. Después de un rato empiezo a sentirme rígida y, ¡claro!, me quejo. Cambia de posición, levántate de vez en cuando, muéveme un poquito y déjame recuperar mi swing.

💔 Ganar peso corporal de forma rápida y sin que el cuerpo esté preparado: No es una cuestión de estética, sino de adaptación. Si de repente tengo que soportar más carga y los músculos que trabajan conmigo no están preparados para ella, voy a tener que esforzarme más. Dame tiempo para adaptarme, cariño, que una cosa es ser fuerte y otra hacer milagros.

💔 Entrenamientos de impacto sin preparación o mal ejecutados: Saltar, correr o hacer ejercicios de impacto cuando el cuerpo no está preparado para esa carga puede pasarme factura. ¿Te acuerdas de cuando te dio por saltar a la comba, imitando los ejercicios que se hacían en boxeo? Me llevabas matada. El dolor comenzó en el pie, luego la rodilla y yo en plan: «Que no sea la siguiente… que no sea la siguienteee…». ¡BUM! Dolor en todo mi ser. Margarita, es que, desde luego…

💔 Calzado inadecuado: Sé que eso ya te lo contó la rodilla, pero es que el tema del calzado es importante. Pasar muchas horas con un calzado que no resulta adecuado para lo que estás haciendo, que te limita, te resulta incómodo o altera tu manera de caminar puede hacer que yo también termine notándolo. ¡La rodilla y yo no insistimos por gusto!

💔 No «escuchar» el dolor inicial: Ese pinchazo o esa rigidez pueden ser mi primer aviso. Si me ignoras, puede venir después la novela completa: inflamación, cojera y, si insistes durante mucho tiempo, hasta una cirugía.

💔 Estrés crónico: Pues que yo también lo noto, cariño. Cuando estás estresada, puedes tensarte, respirar de otra manera y hasta cambiar tu forma de moverte. Y claro, yo estoy aquí, en medio de todo ese tinglado, así que también puedo acabar sintiéndome más rígida o tensa. ¿Qué quieres que haga? ¡Yo habito el mismo cuerpo que tú!

Margarita: ¡Bueno, querida! Definitivamente, sí que eres toda una diva. Ha sido un encuentro de lo más divertido, didáctico y profundo. Me ha encantado compartir este encuentro contigo. Me has recordado algunas anécdotas, y eso siempre es de agradecer.

Cadera de Margarita: Marga, para mí ha sido todo un placer mantener esta conversación contigo. Soy de la opinión de que todo va de entender y entenderse. Cuando tenemos ese momento de «darnos cuenta», vamos gestando, a conciencia, un mejor presente y un mejor futuro, llenos de salud, equilibrio y bienestar.

Un abrazo. ¡Te quiero mucho!

 

 

Lygia Margarita Muñoz Péaz e ilustrado por Merche López Ramírez. @merche.lora

Autor del artículo.

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