Envios gratuítos a la península a partir de 50€
ANATOMÍA DIVERTIDA

LA RODILLA EXISTENCIALISTA

Por Lygia Margarita Muñoz Péaz · 03 de octubre, 2026

Entrevista existencial a una articulación que sostiene más de lo que parece

¿Alguna vez has pensado en qué nos dirían nuestras articulaciones si les hiciéramos preguntas existenciales?

La verdad es que solemos hacernos este tipo de preguntas cuando atravesamos momentos de crisis o de reflexión personal. Y con nuestras articulaciones ocurre algo parecido: muchas veces nos damos cuenta de que existen precisamente cuando nos duelen. ¿A que sí?

He decidido convertirme en una investigadora existencialista para ir más allá de la superficie y poder tener una visión amplia, profunda y diferente de nuestro cuerpo.

Mi objetivo siempre es aprender, pero sin dogmas. Más bien, echar a volar nuestra imaginación y creatividad para llegar a lugares de entendimiento profundo.

Margarita: Bueno, al fin alguien que siempre está en el medio de todo… ¡La Rodilla! ¿Cómo estás, querida?

Rodilla de Margarita: ¡Con algo de crujido, pero entera! Gracias por preguntar y por invitarme a esta entrevista. No suelen darme mucha voz. Siempre que si los ojos, el corazón, el cerebro… y yo aquí, sosteniéndolo todo en silencio.

Margarita: ¡Venga, va! No te pongas dramática. ¿Te parece si comenzamos con una pregunta profunda?

Rodilla de Margarita: ¡Para eso estamos, dale!

Margarita: ¿Cuál crees que es tu talento?

Rodilla de Margarita: Fácil: doblarme sin quejarme (bueno, casi siempre). Soy una bisagra que hace posible que te sientes, te levantes, camines, corras, saltes, te pongas en cuclillas a mirar cosas que no necesitas en una tienda o que aguantes la postura de guerrero 1, 2 o 3 en yoga… ¡yo estoy ahí! Me adapto, amortiguo, sostengo. Y no pido aplausos, solo un poco de cariño.

Margarita: Ahora que lo dices, la verdad es que siempre estás presente. Hablemos ahora de cuál es tu razón de ser en la vida.

Rodilla de Margarita: ¿Alguna vez has pensado en mi nombre? Allí está la respuesta: el origen de mi nombre viene del latín rotella (ruedecita), diminutivo de rota (rueda). ¿Lo entiendes ahora? Mi razón de ser es que el cuerpo se mueva sin drama. ¿Acaso no usamos las ruedas para mover las cosas fácilmente, con menos esfuerzo? Yo hago de puente entre lo que quieres hacer y cómo lo haces. No soy la que toma decisiones, pero sin mí no vas a ningún lado. También tengo la noble tarea de recordarte cuando estás forzando de más, aunque a veces lo hago con un pequeño “crack” o un dolorcito. Es mi forma de decirte: ¡chacha, afloja!

Margarita: Te reconozco que nunca me había puesto a pensar en tu nombre como tal. La verdad es que tienes mucha razón, muy pocas veces pienso en ti, así que me surge preguntarte: ¿qué les dirías a quienes te subestiman?

Rodilla de Margarita: ¡Que no me den por sentado! Que no esperen a que duela para cuidarme. Estiren, calienten, pónganse buenos zapatos, cuidado con la postura cuando levantan peso, bajen las escaleras con respeto. Y, si pueden, de vez en cuando, ¡denme un masaje!

Margarita: ¡Sigamos charlando, reina de la flexión! Ahora cuéntanos un poco de tus socios estructurales. ¿Con quién trabajas codo a codo? (¿Lo pillas? “Codo a codo”).

Rodilla de Margarita: Vaya graciosilla, en verdad un codo es una mini yo jajajajaja. Bueno, ahora en serio… Yo trabajo en equipo y formo parte de un equipo, pero ojo, no siempre nos llevamos bien. A ver, te cuento:

  • El cuádriceps: Es como el hermano musculoso, vive todo el día tirando de mí para que me extienda. Lo adoro, pero cuando se tensa mucho y no se estira… ¡me deja hecha una piltrafa! Aunque eso sí, si él está fuerte y en forma, yo me siento segura y acolchadita.
  • Los isquiotibiales: Ellos tiran para el otro lado: flexionan la rodilla y extienden la cadera. Son más “callados”, pero cuando se contracturan… OMG, no hay quien los aguante. Si están acortados, “me tiran” y cuesta moverme con fluidez.
  • Los gemelos (pantorrilla): Son mis queridos vecinos de abajo. A veces se cargan demasiado y me mandan toda la tensión hacia arriba. ¡Ufff, eso duele! También te digo que son buenos aliados cuando hay que frenar en seco o mantener el equilibrio.
  • El tobillo y el pie: Importantísimos. Si ellos empiezan a hacer ajustes raros ahí abajo, yo también tengo que adaptarme aquí arriba. ¡Y tengo que arreglármelas!
  • La cadera: La jefa. Si ella no está firme y alineada, todos nosotros funcionamos mal. A veces me echan la culpa a mí, pero es la cadera la que iba haciendo cualquier cosa menos mantener su correcta alineación. Es que las posturitas que usáis para estar sentados ¡son para echar de comer aparte!

Margarita: ¿Te parece bien si hablamos del ejercicio?

Rodilla de Margarita: ¡Sí, dale!

Margarita: ¿Qué opinas de cuando te exigen más de la cuenta?

Rodilla de Margarita: ¡Ah! Me imagino que, como todos, cuando le aprietan de más. El ejercicio es genial, pero no todo tipo de ejercicio me exige de la misma manera. No me malinterpreten, me encanta sentirme activa y fuerte, pero cuando me exigen de más sin preparación… ahí empieza el problema. Correr, el tenis o ejercicios tipo CrossFit pueden exigirme muchísimo y, si no estoy preparada para esas cargas, puedo acabar siendo una de las dianas de las lesiones.

Y no te digo nada de esa tendencia de empezar a entrenar a lo bruto. El calentamiento es mi amigo. Necesito que prepares el cuerpo y vayas aumentando la exigencia antes de pedirme según qué cosas.

¡Marga! Es exactamente igual que cuando tú te despiertas. Mira que eres especialmente lenta para despertarte, ¡amiga! Tardas como una hora. ¿Te imaginas que alguien llegara y te gritara al oído nada más abrir los ojos? Pues eso me haces cuando pretendes que pase de cero a cien sin avisar. ¡Me vas a matar del susto!

Yo hago lo que puedo. También me peleo un poco con el sofá cuando la gente como tú se queda sentada por horas viendo las series de remodelaciones de casas. ¡Es que vaya tela! Me oxido… ¡bueno, casi literalmente!

Margarita: La verdad es que tengo que ser más considerada contigo. ¡Venga! ¿Un mensaje para quienes te usan todos los días sin agradecerte?

Rodilla de Margarita: Solo quiero que se acuerden de mí cuando suban una escalera sin dolor o se agachen a jugar con su perrito o gatito. Soy discreta, pero cuando no estoy bien… lo van a notar. Así que estírenme, ejercitad a mis socios, los músculos de alrededor, y, a cambio, les daré movimientos por años. Estaremos ágiles siempre.

Margarita: ¿Y con quién tienes más roces?

Rodilla de Margarita: A ver… no me quiero meter en líos, pero siempre estoy en guerra con cierto tipo de calzado. Esos zapatos duros, con poquísima suela o amortiguación… Marga sabe perfectamente de qué hablo: sus adoradas Converse son guapísimas, pero yo no les tengo el mismo cariño. Y cuanto menos suela, peor nos llevamos. Y no te digo nada de los tacones… ya me arruinan el día y empiezan las discusiones con la cadera.

Margarita: ¿Y qué tipo de ejercicio te gusta más?

Rodilla de Margarita: Soy una rodilla flexible y activa jajajja, así que me va bien caminar, nadar, andar en bici… hacer pesas para reforzar todo el sistema muscular… ¡cosas que no me sobrecarguen! El yoga también me gusta, siempre que respeten mis posibilidades. Pero si me metes a hacer sprints sin entrenamiento, créeme, ¡me voy a enojar!

Margarita: ¡Rodillita mía! ¿Qué puedo hacer por ti para que descanses y te tomes unas vacaciones?

Rodilla de Margarita: ¡Ohh lálá! Yo te pediría masajes acompañados de baños en aguas termales. Igualmente te digo que a mí no me gusta estar inactiva mucho tiempo. Un poco de caminar por la playa (pero no correr, ¿eh?) y unas buenas sesiones de estiramiento y yoga por la mañana complementarán mi plan ideal, junto con buena comida y mucha agua.

Margarita: ¡Me parece que Canarias es una buena opción! Quiero conocerte más, así que necesito saber: ¿quiénes son tus enemigos más silenciosos?

Rodilla de Margarita: ¡Hum! Tengo unos cuantos. El más fastidioso de todos es la falta de movimiento. Si me quedo quieta mucho tiempo, me oxido, me pongo rígida y después, cuando quieres moverme… ¡horrible!

Luego está la alimentación. ¡Que sí, que también me importa! Una dieta basada constantemente en azúcar y ultraprocesados no es precisamente mi idea de que me estén cuidando. Yo prefiero una alimentación variada y bien nutrida. ¡Que no solo de estiramientos vive una rodilla!

¡Ah! Los calcetines mal puestos. Puede sonar tonto, pero un calcetín suelto, arrugado o roto puede incomodar al pie y hacer que cambies tu manera de pisar sin darte cuenta. Y cuando el pie empieza a caminar raro, yo también lo noto aquí arriba. ¡Y la cadera ni te cuento!

Margarita: ¿Nada de aventuras extremas, entonces?

Rodilla de Margarita: ¿Aventura? Solo si involucra paseos tranquilos en lugares planos. Me gustan los senderos suaves, sin piedras ni raíces traicioneras (Marga, tú tienes un don para tropezarnos con las raíces, ¿a que sí?). Si me metes en una excursión de montaña, de esas que tanto te gustan, adiós vacaciones. ¿Te acuerdas de la bajada endiablada para llegar a Roncesvalles? Sentí que iba a explotar de la tensión y ese fue el primer día del Camino de Santiago. En fin, que necesito relajarme, no estresarme.

Margarita: ¿Te gustaría un poco de calor o frío para tus vacaciones?

Rodilla de Margarita: A veces el frío me viene de maravilla y otras veces agradezco el calor para sentirme más suelta. Así que un clima templado, con una hamaca para descansar, sería la gloria. ¡Lo mío son las vacaciones sin prisas!

Margarita: Bueno… ¡tomo nota! ¡Querida mía!, tú sabes que somos masajistas, ¿verdad?

Rodilla de Margarita: Sí, menuda tralla me das: pasamos muchas horas de pie, pero reconozco que intentas cuidarme. ¿Por qué me lo preguntas?

Margarita: Porque me gustaría que nos explicaras a los masajistas cómo se manifiestan tus dolores y cómo podemos ayudarte.

Rodilla de Margarita: Bueno… está bien. Os voy a dar unas pistas para reconocer mis molestias y ayudarme a sentirme mejor. Pero una cosa importante: que me duela en un sitio no significa que ese punto te vaya a contar por sí solo qué me pasa. Tú, como masajista, no puedes diagnosticarme solo con las manos. Lo que sí puedes hacer es utilizar ese dolor como una pista para empezar a explorar.

¡Hazte un mapa! y visita a mis vecinos musculares, palpa cómo están, busca tensiones y recuerda lo que aprendiste de anatomía: quién pasa por aquí, quién se inserta allá, quién participa en este movimiento y quién podría estar trabajando de más. A veces lo que encuentres te ayudará a entender mejor el paisaje que tienes delante y otras veces no. Una pista no es un diagnóstico.

  • Dolor en la parte delantera: Si el dolor está en la parte delantera, alrededor de la rótula, empieza por visitar a mis vecinos. Revisa el cuádriceps, prestando atención al vasto interno y al vasto externo, y observa qué tensiones encuentras. También puedes prestar atención al tendón rotuliano. Todo esto forma parte de tu mapa de exploración, pero recuerda: que encuentres tensión no significa que hayas encontrado la causa del dolor.
  • Dolor en el lateral (interno o externo): Si me duele por alguno de los lados, amplía el mapa. Revisa cómo están los músculos que me rodean y presta atención a las tensiones que encuentres. Puedes trabajar con maniobras de liberación miofascial en los cuádriceps y las pantorrillas. Igualmente, puedes revisar cómo están el tobillo y la cadera, porque todos participamos en la manera en que te mueves.
  • Dolor detrás de la rodilla: Visita también a mis vecinos posteriores. Revisa cómo están los isquiotibiales, los gemelos y el poplíteo, y trabaja las tensiones que encuentres. Un masaje en la parte posterior del muslo y unos estiramientos suaves pueden formar parte de ese recorrido.
  • Sensación de rigidez general: Esto puede pasar si estuve muchas horas sin moverme y hay días fríos y húmedos en los que algunas personas también me sienten más rígida. A mí me viene de perlas el calorcito, un masaje estimulante con aceite caliente, trabajando los músculos que me rodean, y también que me muevas. El movimiento para mí es como tomar agüita para ti.
  • Hinchazón o sensación de presión: Y si estoy inflamada, antes de lanzarte a trabajarme averigua qué ha pasado. Una cosa es que encuentres tensión en mis vecinos y otra muy distinta que yo aparezca hinchada sin que sepamos por qué.

Margarita: ¡Bueno, querida! Hemos llegado al final. ¿Quieres agregar algo más?

Rodilla de Margarita: ¡Bueno, people!… Gracias por leerme. Sé que no soy tan glamurosa como los ojos ni romántica como el corazón, pero, sin mí, ni una caminata a la cafetería podrían hacer. ¡Soy discreta, sí, pero esencial! Así que, si después de esta charla se acuerdan de estirarme un poco, de usar buen calzado o de caminar un rato al sol… con eso soy feliz.

Y si algún día duelo, no se enojen. Solo estoy pidiendo que me presten atención. Ya saben: escuchen lo que tengo que decir, miren a mis vecinos y no den por hecho que saben qué me pasa.

Un besito a todos.

Escrito por Lygia Margarita Muñoz Páez

Ilustrado por Merche

Lygia Margarita Muñoz Péaz

Autor del artículo.

Comentarios (0)

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los comentarios serán moderados por el administrador.

Tu Carrito